Bogotá #27N: un día con Estefanía Ciro

La noche del 25 de noviembre, Dilan Cruz, un joven de 18 años a punto de graduarse del último año de colegio, murió en Bogotá después de varios de días de cuidado intensivo debido a un ataque con balines por parte del Escuadron Móvil Antidisturbios (ESMAD). Dilan era parte de las protestas que iniciaron el 21 de noviembre (21N) que convocan un “Paro Nacional” para protestar contra un paquete de reformas económicas que quiere pasar el gobierno (aunque ahora ya es muy confuso), así como por las problemáticas en los sectores de educación, condiciones de vida digna, seguridad, y represión del Estado.

La noche del día siguiente (26N), llegué a Bogotá a esperar mi vuelo del día 29N de regreso a México. Me recibió Estefanía Ciro en su departamento a las 2:00 am del día 27N. Estefanía es la directora del Centro de Pensamiento desde la Amazonía Colombiana AlaOrilladelRío, y ganadora del premio UNESCO Juan Bosch por la Promoción de Investigaciones Sociales en América Latina y el Caribe. Con un pre-grado en Economía, una maestría en Historia, y un doctorado en Sociología, no había nadie mejor con quien recorrer y explicar Bogotá y sus conflictos presentes e históricos.

Me desperté a las 9:00 am, Estefanía no tenía que salir a trabajar a la oficina debido a un nuevo día de protestas, así que tranquilamente salí a comprar panela molida (piloncillo molido), galletas saladas, arepas, un paracetamol, dos cartones de leche, y una mantequilla (ya había huevo en el departamento). Preparamos el desayuno mientras escuchábamos la radio y discutíamos sobre política colombiana alternando a veces con política mexicana. En la radio escuchamos a Aristegui para ponernos al tanto sobre los recientes dichos de Donald Trump sobre considerar “terroristas” a los cárteles de droga mexicanos. Nuestra preocupación mutua radicaba en la facilidad con la que Estados Unidos podría utilizar esa retórica para alguna política intervencionista en la nación mexicana.

A las 10:00 hrs Estefanía me mostró el cartel que tenía preparado para las manifestaciones. Una imagen con una fotografía de Dilan Cruz que leía “Dilan estamos contigo” y al que añadió: “Fue el Estado”. En lo que Estefanía terminaba unos trabajos en su computadora y yo me preparaba para salir, nos manteníamos informados de cómo avanzaba la protesta para unírnosles lo más pronto posible (cabe resaltar que yo solo estaba de observador, de otra manera me deportan).

Por ahí de las 11:00-12:00 hrs del día, partimos hacia la Plaza Central Simón Bolívar (Plaza Bolívar), equivalente a decir el zócalo de Bogotá. Después de caminar por un buen rato e ir escuchando los cacerolazos espontáneos de diferentes partes de la ciudad, alcanzamos la marcha en la Carrera 13, llegando a la Plaza Bolívar. Unas tres o cuatro mil personas (en su mayoría jóvenes) de casi todos los sectores sociales gritaban arengas, cacerolaban, y soplaban silbatos en todo el parque. Los edificios del Palacio de Justicia, el Congreso, la Catedral, y la Alcaldía (pintorrajeados con mensajes opositores al régimen y cubiertos con tela negra para evitar proyectiles de pintura) permanecían cerrados y abarrotados por la policía. Comerciantes ambulantes vendían agua, gaseosas (refrescos), salchichas, papas, plátanos fritos, cigarrillos, banderas de colombia y del whipala, y silbatos. La estatua de Simón Bolívar, alzada en medio del parque, posaba con la bandera nacional que le cubría la espalda, y con una espada torcida. A la vuelta, cerca del teatro y la cancillería, esperaban los militares, y, todavía más escondido, estaba el ESMAD.

Palacio de Justicia 27N, fotografía propia
Plaza Bolívar 27N, fotografía propia

Ya era hora de almorzar, así que continuamos hacia el Café Pushkin (no sin antes parar en una librería y comprar tres libros), un cafetería/restaurante que pertenecía a un amigo de Estefanía. Café Pushkin vende solo café cultivado por campesinos y/o por ex-combatientes, tiene dos pisos: el principal, y un foro. En el tejado, una terraza con mesitas desde la que podía alcanzar a ver el Monserrate, murales de arte urbano, la Universidad de los Andes, y a un militar registrando todas las bolsas de un joven civil. Estefanía tenía dos reuniones con respecto a un libro que estará publicando en los siguientes meses, así que quedamos que la alcanzaría en la Universidad de los Andes en una hora. Almorcé una rica crema de zanahoria y una pasta napolitana. Compré una libra de café con “aroma a reconciliación”, y me dirigí a la universidad. Pasé por callejones llenos de arte urbano, artesanías colombianas, e incluso huertos y espacios agroecológicos. Llegué al corredor biológico cerca de la universidad, donde me encontré a Estefanía. Fuimos a recoger un tenis que ella había mandado a reparar y a que almorzara un ajiaco (sopa típica bogotana).

Mientras almorzaba, observamos como se congregaban aparentes civiles en motocicletas junto a policías, Estefanía recalcó que se trataban muy probablemente de policías vestidos de civiles. Remarcó las cámaras que traían, y su vestimenta oscura y de gran volumen. De ahí nos movimos a buscar un café internet, ya que ella tenía que llenar un formato de excel para una solicitud de un amigo suyo. No obstante, todos los café internet cercanos estaban cerrados, por lo que sugerí que nos sentáramos en un café y yo desde mi teléfono podía ayudarle a llenar ese formato, a lo que ella accedió y me bromeó que eso era muy “millenial”. Paramos en un Juan Valdez, yo pedí un tinto campesino (tinto con panela) y ella un expreso. Tardamos aproximadamente 20 minutos, y continuamos a dirigirnos nuevamente a la Plaza Bolívar.

Se había congregado más gente, entre cinco y seis mil personas. Helicópteros de la policía, y drones que posiblemente también eran de ellos, sobrevolaban la manifestación. En el tejado del congreso se juntaban las cámaras de los principales medios de comunicación para tomar los mejores videos, que saldrían al aire a las 19:00 hrs: en el noticiero. Una tela enorme, como de siete metros se alzó enfrente de la Alcaldía, dibujada en ella, “2002-2019 Dilan Cruz”. Empezaba a anochecer, y los lásers apuntaban a la cara de Dilan en la tela. Aunado a la Plaza Bolívar, músicos tocaban en protesta en el Parque de los Hippies (violines, guitarras, canto…), y una gran marcha caminaba hacia el Norte de la ciudad. Faltaban cuatro horas para el vuelo de Estefanía a Cali, que se me había olvidado comentar. Así que partimos y nos dirigimos rápidamente al apartamento, al cual llegamos a tiempo para el noticiero. Entre noticias que recalcaban “las pérdidas financieras del Paro Nacional” y las “certificaciones internacionales de las herramientas de la policía y el ESMAD”, comentábamos la situación y nos preparábamos para salir al aeropuerto. No sin antes Estefanía preparar más documentos y poner a lavar su ropa y a secarla.

“2002-2019 Dilan Cruz”, fotografía propia

Salimos del edificio, faltaban dos horas para la salida del vuelo, se tenía que llegar una hora antes para hacer el check-in desde el aeropuerto. Estefanía compró pilas y nos dirigimos a otra reunión que ella tenía. Fue breve pero precisa, y rápidamente tomamos el Transmilenio, el equivalente al metrobús de Ciudad de México (solo que más grande debido a la falta de metro), hacia el Portal el Dorado, la terminal del aeropuerto.

Llegamos, faltaban 5 minutos para hacer el check-in a tiempo, así que corrimos. Estefanía es, no tan sorprendentemente después de darme cuenta de su ritmo de vida, muy rápida. Justo a tiempo hicimos el check-in de su vuelo, y nos despedimos con un abrazo.

Llegué a Colombia ya hace casi cuatro meses, estuve casi tres meses en Caquetá y uno en Antioquia, mi última semana la estoy pasando en Bogotá. Llegué a este país siendo voluntario de AlaOrilla, me hospedé por dos meses en casa de la mamá y el papá de Estefanía, y estuve muy amañado. Ella estuvo en muchos lugares, y apenas pudimos vernos en dos ocasiones, pero como ella dijo, al menos terminó el viaje con un día que pudimos compartir. Aprendí mucho, y también ahora tengo muchos libros nuevos que leer. Fue un día inolvidable y lleno de aventuras. Definitivamente, cuando más grande, quiero ser como Estefanía Ciro.

– Bernardo LM

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